50 AÑOS DE GESTIÓN DE LA CALIDAD

por Jesús García del Valle y Gómez

Sunday, November 27, 2005

REMINISCENCIAS DE UN DISCÍPULO DE ENRIQUE BLANCO

El pasado 18 de septiembre murió Enrique Blanco Loizelier, uno de los pioneros en la introducción en España de las técnicas, métodos o sistemas de control o de gestión de la calidad. En la década de los cuarenta del pasado siglo estaba de moda el llamado Control Estadístico de la Calidad que no sólo sustituía a la inspección rutinaria del cien por cien de la producción, sino que, además, controlaba los procesos productivos para evitar la fabricación de productos rechazables. Enrique Blanco, que había seguido cursos en la Universidad de Stanford, introdujo las técnicas de control estadístico de  la calidad en la Standard Eléctrica-ITT de Madrid y como profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Madrid, ya desde 1946.  Como ocurre ahora -no hay nada nuevo bajo el sol- muchos de los impulsores de las nuevas técnicas estadísticas declararon obsoletas las anteriores, naturalmente no en el caso de Enrique Blanco. Según se decía, la inspección unitaria había muerto. Algo de razón tenían, pero no toda. La inspección unitaria era, y lo sigue siendo, indispensable para limpiar de productos defectuosos un lote rechazado por control estadístico o cualquier otro método de control. Es más, la calidad media de salida (AOQ) está calculada bajo la premisa que todos los lotes rechazados se limpian mediante inspección unitaria.

Volviendo a los pioneros en España, los más caracterizados, además de Enrique Blanco, fueron Mendizábal y Torrens Ibern, profesores de estadística de las Escuelas Superiores de Ingenieros Industriales de Bilbao y Barcelona, respectivamente[1]. Enrique Blanco fue el único de los tres que tuvo ocasión de seguir y liderar, durante muchos periodos en España y en Europa, el desarrollo de los sistemas y técnicas de gestión de la calidad. A ello contribuyó su menor edad y su implicación en la Standard Eléctrica-ITT, que le daba la experiencia industrial que faltaba a los sólo académicos.

En febrero de 1956, recién llegado del Reino Unido donde había hecho un máster en redes de alta tensión, fui contratado como Ingeniero Jefe de Control de la Calidad, título habitual por aquellos días, por la naciente empresa Metalúrgica de Santa Ana S.A. (SANTANA), que se disponía a fabricar Land Rovers con licencia inglesa, aunque a la sazón sólo tenía un taller en Linares para la fabricación de arados y cosechadoras remolcadas. Dada mi inexperiencia, Enrique Blanco, que había fundado la Empresa Técnicos Especialistas Asociados (TEA) junto con otros ex directivos de la Standard Eléctrica, fue nombrado consultor para el área de la calidad y, de esta forma, me convertí en su discípulo. Se inició así un periodo de casi medio siglo de amistad, en el que compartimos juicios e ideas sobre la tremenda evolución de la gestión de la calidad que tuvo lugar durante esos años y trabajamos juntos en los Consejos de la Asociación Española para la Calidad (AEC) y de la European Organisation for Quality (EOQ).

Como resultado de una serie de conferencias impartidas en España en 1960 por el experto norteamericano profesor Paul W. Clifford[2], en el curso de una visita que giró a diferentes países europeos, en1961 se fundó la AEC, entonces con el nombre de Asociación Española para el Control de la Calidad (AECC)[3]. Su primer presidente fue Pedro Mendizábal, más tarde presidente honorario; Enrique Blanco vicepresidente y Mosquera su primer secretario general[4]. Ese mismo año de 1961, Enrique Blanco, que había dejado de ser asesor de SANTANA aunque manteníamos una estrecha amistad y colaboración, me animó a preparar un trabajo para presentarlo en el V Congreso Anual de la EOQ que había de celebrarse en Turín. La EOQ que entonces se denominaba European Organisation for Quality Control (EOQC) se había fundado en 1957 por organizaciones nacionales europeas también por consejo de Paul Clifford. Su primer presidente fue el profesor W. Masing de Alemania y su secretario general el holandés doctor De Fremery.

El trabajo que preparé para Turín versaba sobre el sistema empleado por SANTANA para la Calificación de la calidad de los proveedores. La calificación mensual estaba basada en los resultados de la recepción de materiales, piezas y componentes, comprados en el exterior, durante los últimos 12 meses.  Como todavía no se empleaban ordenadores en la gestión empresarial, se obtenía mediante el tratamiento de fichas perforadas con máquinas IBM. Las fichas, de marca sensible, se preparaban por los propios inspectores de recepción con los resultados del control estadístico de cada lote. Las piezas de los lotes rechazados por técnicas estadísticas se trataban como rechazadas en la confección del índice –entonces llamábamos así a los indicadores- aunque dichos lotes se sometiesen a inspección 100% por necesidades logísticas. Faltaban muchas décadas para que, como resultado de acuerdos estratégicos y del buen hacer de los proveedores, los elementos comprados entrasen directamente al almacén o a las líneas de producción sin control previo.

Una vez más, Enrique Blanco demostró que era un optimista inveterado, cualidad que en su caso era resultado de su inefable bondad, y el trabajo no se presentó en el Congreso, aunque despertó el interés de los italianos y, al año siguiente, se me invitó a presentarlo en el Club FIAT de Turín y se publicó en la Revista de Ingegnería (Milán, julio 1962). En Turín, Enrique me presentó a Humberto Turello, a la sazón Director de Calidad de Pirelli y Presidente de la Asociación Italiana para la Calidad, personaje que apoyó siempre en los círculos europeos a la recién nacida AEC[5].

De este mi primer congreso europeo obtuve no poco provecho. Durante su sesiones Enrique Blanco me presentó a otras celebridades del mundo de la calidad, además del ya citado Turello. Algunos de ellos influyeron de forma manifiesta en mi vida profesional y me honraron con su amistad: el doctor Armand V. Feigenbaum, el profesor Joseph.M. Juran, el profesor Kaoru Ishikawa y Frank Nixon. De Juran tendría mucho que decir pero es ocioso hacerlo, pues su nombre es de sobra conocido y su bien merecida fama ha llegado hasta nuestros días. Otro tanto debería poderse aplicar a Feigenbaum y, sin embargo, no es este el caso.

Feigenbaum es el gran desconocido en nuestros días, aunque su aportación a la gestión de la calidad probablemente haya sido una de las más significativas del pasado siglo XX. Siendo vicepresidente de producción de la General Electric y presidente de la American Society for Quality Control (ASQC, ahora ASQ), publicó en 1961 su famoso libro Total Quality Control (TQC), (Mac Graw-Hill, 1961)[6], donde puso los fundamentos de la gestión total de la calidad o de la gestión de la calidad total como, con bastante imprecisión, fue traducido en Francia e Italia[7]. En cualquier caso, Feigenbaum fue el creador del concepto, no superado hasta ahora, que afirma que la gestión de la calidad comienza en la determinación de las expectativas y necesidades del mercado y no termina hasta el fin de la vida del producto o servicio, donde de nuevo comienza el ciclo en un proceso reiterativo de mejora continua. En el libro citado, Feigenbaum formaliza, también por primera vez, la herramienta de gestión de la calidad conocida como Costes de la Calidad, cuya importancia ya había sido señalada por Juran desde la primera edición de su Quality Handbook (Mac Graw-Hill, 1950), donde lo llama “el oro en la mina”. No pocas veces veo atribuir el desarrollo de los Costes de la Calidad al americano Philip Crosby, del que luego hablaré[8].

Ishikawa es, todavía, muy popular como el creador del diagrama causa-efecto en forma de espina de pescado, herramienta muy eficaz, ingeniosa e intuitiva para la mejora continua. Sin embargo, es una aportación menor si se compara con el relevante papel que el profesor Ishikawa, como presidente de la Japanese Union of Scientists and Engineers (JUSE),  ha jugado en el desarrollo y aplicación de las técnicas estadísticas y de gestión de la calidad en Japón, quizá el ejemplo nacional de aplicación de técnicas de gestión de la calidad más espectacular de la segunda mitad del pasado siglo. Ishikawa jugó un importante papel en la creación de los Círculos de la Calidad en 1962, cuyos primeros resultados se presentaron de forma espectacular en el Congreso Internacional de Tokio en 1969, al que más tarde volveré por otros motivos[9]. Los Círculos de la Calidad, junto con la creación en 1951 del primer premio a la excelencia empresarial, el premio Deming, son quizá las dos aportaciones japonesas más significativas al mundo de la calidad en el pasado siglo[10].

Frank Nixon es otro gran desconocido en los actuales círculos europeos de profesionales de la gestión de la calidad. Desde el British Productivity Council, Nixon fue uno de los pioneros en la introducción de las técnicas de gestión de la Calidad en el Reino Unido. Esta institución fue una de las entidades fundadoras de la EOQ, de la que Nixon fue su segundo presidente durante el periodo de 1959 a 1961. Este año de 1961, Nixon fundó el National Council for Quality and Reliability del Reino Unido, institución de la que fue su primer presidente. Aparte de numerosos trabajos y publicaciones relacionados con la gestión de la calidad, Nixon fue la máxima autoridad europea en la ingeniería de la fiabilidad.

El primer trabajo sobre la fiabilidad de productos se publicó en los EEUU en la novena convención anual de la EOQ, celebrada en Nueva York en 1955. Era un trabajo sobre fiabilidad en proyectiles dirigidos del ingeniero R. Lusser[11]. Entre tanto, en Europa, dos aviones Comet 1 (de Havilland DH-106) y primeros reactores comerciales, estallaban en el aire poco después de su despegue en el aeropuerto de Ciampino de Roma en enero y abril de 1954. La comisión investigadora, de la que fue importante colaborador Frank Nixon, a la sazón Director Corporativo de Calidad y Fiabilidad de Rolls-Royce, dictaminó que el accidente se había debido a la combinación de la fatiga creada por: la concentración de esfuerzos en las esquinas de las ventanas cuadradas; el espesor y calidad del aluminio del fuselaje; las vibraciones resultado de la alta velocidad y, finalmente, la reducción del límite elástico del aluminio debido a las bajas temperaturas.

Como resultado de esta investigación, Nixon desarrolló en 1958 su importante concepto del margen de seguridad para sustituir al coeficiente de seguridad, relación entre la carga de rotura de un elemento y solicitud máxima prevista, que tradicionalmente venía empleándose en los proyectos para mantener una reserva de resistencia en los elementos que lo componen y, así, poder resistir solicitaciones imprevistas. En América, al mismo tiempo, Lusser llegaba a las mismas conclusiones[12].

El margen de seguridad se establece por diferencias entre resistencias y solicitudes calculadas en sigmas, tres desviaciones típicas de la resistencia más tres desviaciones típicas de la solicitación, es decir 6 s como mínimo. A este margen se añaden más sigmas en función de la incertidumbre, ignorancia o riesgos previstos. Este aumento de sigmas, en los márgenes de seguridad entre resistencias y solicitaciones, choca con la práctica empleada en ajustes donde, a menudo, se emplea la suma cuadrática dada la poca probabilidad de coincidir casos extremos. En la actualidad, las seis sigma vuelven a estar de moda aunque, en parte, por motivos diferentes.

La fiabilidad fue el tema elegido para el VI Congreso de la EOQ, celebrado en Aix-en-Provence en 1962. Tuvo un gran éxito por las ponencias de Nixon, Lusser y Leslie W. Ball (Director de Calidad y Fiabilidad de Boeing Co.), entre otros. Como resultado se inició un programa de mejora de la fiabilidad de nuestros productos en SANTANA, que se complementaba con el iniciado en Rover Co. Ltd. para el lanzamiento de su nuevo modelo el Rover 2000. El programa que seguimos en SANTANA,  para mejorar la fiabilidad de nuestros Land-Rovers, hizo que fuesen preferidos a los británicos en mercados con condiciones extremas, como Colombia, Libia, Argelia, Nigeria, etc. Con los resultados de los ensayos, fundamentados en la teoría, y los correspondientes cambios en los sistemas de gestión del proyecto y desarrollo de productos en SANTANA, preparé mi tesis doctoral sobre Introducción a la fiabilidad en la industria de  automoción; un resumen de la tesis se publicó en 1967[13].

Leslie Ball había definido un sistema de gestión de la fiabilidad como “un sistema organizado de retención de experiencia, entre otras áreas, de averías y sus causas”. Se basa en técnicas de acopio y explotación de datos, la definición del mecanismo o modo de la avería, la acción correctiva y, sobre todo, la clasificación y despliegue de la información. Como puede verse, desde los primeros años de la década del 60 empleábamos técnicas que después cristalizaron  en el método ANFE y una parte importante de la gestión del conocimiento. Todo ello con la dificultad de que la gestión de la información se hacía todavía manualmente o, a lo sumo, con máquinas trabajando sobre fichas perforadas[14].

En 1963, la EOQ celebró su VII Congreso en Copenhague. Durante el congreso, el consejo de la EOQ encargó a Frank Nixon la preparación de un trabajo que reuniese y confrontase las experiencias de un importante número de firmas, de todos los tamaños y de diferentes áreas industriales de diversos países europeos, con la intención de servir de ejemplo a otras organizaciones. Hoy diríamos reunir y confrontar las mejores prácticas para poder ser emuladas (“benchmarked”). Cuando se hizo público el proyecto, Enrique blanco me animó a presentar la candidatura de SANTANA y nos pusimos en contacto con Nixon que, en medio de una turbamulta de personas animadas con la misma intención, me prometió enviar el cuestionario sobre el que se basaría el trabajo.

En mayo de 1964, recibí el número correspondiente de la revista Quality, que editaba la EOQ, en el que se anunciaba que Nixon estaba recibiendo las primeras contestaciones a su cuestionario. En SANTANA no habíamos recibido el cuestionario -debo reconocer que incluso me había olvidado del tema- de modo que dimos el asunto por terminado. Por poco tiempo, pues días más tarde, me reuní en Madrid con Enrique Blanco y, con su permanente optimismo, me instigó a: inventar un cuestionario; contestarlo y enviarlo urgentemente a Frank Nixon. Así lo hice, junto con mis colaboradores más inmediatos, aunque poco convencido de los posibles resultados, a pesar de que recibí una cortés confirmación de su recepción por la secretaría de Nixon.

En septiembre de 1964 viajamos juntos, Enrique Blanco y yo, a Baden-Baden, que iba a ser la sede del VIII Congreso de la EOQ. Durante el viaje, Enrique me planteó por primera vez la posibilidad de crear un comité en la AEC para la mejora de la calidad en las industrias de automoción. Ya en el congreso y terminada la Sesión de Apertura, se celebró la primera sesión técnica en la que Frank Nixon debía presentar su trabajo: “Quality Reporting, Quality Auditing and Quality Achievements in European Countries” (43 Case histories). Escuchamos la presentación Enrique y yo con Humberto Turello sentado entre los dos. SANTANA fue la empresa más veces citada por sus mejores prácticas; cada vez que se citaba, Turello nos daba un codazo, sobre todo cuando Nixon dijo: “Finally, it must not be taken as invidious if one selects for special mention the contribution received from Metalúrgica de Santa Ana. It was seen at once that this was outstanding by reason of the extreme thoroughness of its description of what must be regarded as a classic example of quality organisation”. Cuando salimos de la sesión, Enrique me dio un gran abrazo, creo que estaba más emocionado que yo. El asunto trajo cola, hasta el Financial Times publicó una nota señalando a Linares como uno de los lugares de peregrinación para expertos en la gestión de la calidad.

Quizá por ello, a principios de 1965, recibimos en Linares una carta de Toyota Motor Company, firmada por el ingeniero Takaharu Mizuno, si mal no recuerdo. Se nos proponía recibir a un equipo de ingenieros de la empresa japonesa para estudiar in situ la organización de la gestión total de la calidad de SANTANA, ofreciéndonos en contrapartida recibir en sus fábricas japonesas a un equipo de expertos de SANTANA. Las visitas se harían bajo las siguientes bases: total transparencia en la presentación del sistema de gestión de la calidad, salvo en las áreas correspondientes al diseño y ensayo de nuevos productos; la información recibida de una parte, que incluiría documentación e impresos empleados, sería para uso exclusivo de la otra parte, sin facilitar el conocimiento recibido a terceros.

Tras el acuerdo del Consejo de SANTANA la visita del equipo japonés se realizó en la primavera de 1965. En Madrid les recibimos con una comida presidida por nuestro Consejero Delegado y a la que asistió Enrique Blanco. En la fábrica de Linares estuvieron una semana que resulto muy instructiva para ambas partes, pues trajeron un juego de la documentación empleada por Toyota, ya traducida al inglés, que nos entregaron al principio de las conversaciones. De hecho, las reuniones se hicieron empleando el método de comparar los sistemas de gestión de Toyota y SANTANA y definir las mejores prácticas. Al final se decidió que la visita a Japón no era indispensable y se pospuso hasta 1969, con motivo de mi posible presencia en el Congreso de Tokio. En la comida con que les despedimos -una paella en el Parador de Úbeda- nos dijeron que de Madrid viajaban a Turín para visitar FIAT Spa y, más tarde, a Suecia para visitar una fábrica de armas, Husqvarna Vapenfabriks, que había formado parte del estudio de Nixon y Volvo Cars. Esta fue la primera vez en que me vi envuelto en una operación de “benchmarking”, como muchos gustan decir, o de emulación si se quiere emplear una expresión más correcta, desde el punto de vista académico.

En el mismo año de 1965, la EOQ, a la sazón presidida por Humberto Turello, celebró en Rótterdam su IX Congreso. En el habitual Consejo previo, la AEC fue admitida como octavo miembro de número de la EOQ. Una vez admitidos, en el mismo Consejo se aceptó nuestra propuesta de celebrar el Congreso previsto para 1968 en Madrid, petición que nunca hubiese sido aceptada sin el decidido apoyo de Turello. Desde este punto asistí a todos los consejos de la EOQ, acompañando a Enrique Blanco. Los consejos se celebraban cada seis meses de forma itinerante, coincidiendo con el congreso anual y, entre congresos, en la ciudad que había de ser la sede del siguiente congreso. Enrique Blanco casi nunca pudo asistir a los consejos intermedios, salvo cuando fue nombrado Vicepresidente de la EOQ en 1967.

También en 1965, el Consejo de la AEC aprobó una propuesta de Enrique Blanco de crear un comité que facilitase el intercambio de información y la mejora de la calidad en la industria de automoción. En la misma reunión del Consejo recibí el encargo de fundar el nuevo comité que se realizó poco después, como colofón del Primer Simposio de la Industria de Automoción. Los miembros fundadores fueron: Empresa Nacional de Autocamiones “Pegaso”, representada por Alfredo Brisac[15]; FASA- Renault, cuyo entonces representante no recuerdo; SANTANA “Land-Rover”, representada por el autor de este trabajo, que fue elegido presidente del comité y SEAT, representada por Günter Oistrach. Fue su primer secretario José Luis Valero, a la sazón Secretario de la AEC.

Las primeras reuniones fueron difíciles. Todos, salvo Pegaso, trabajábamos con licencias extranjeras y se nos hacía muy difícil compartir experiencias y técnicas. Todos, sin embargo, teníamos un problema común: la falta de calidad de muchos de nuestros proveedores y sobre este punto empezamos a trabajar, al principio con lentitud, poco después con gran entusiasmo. Se nos unieron durante este proceso el resto de los fabricantes de vehículos, fabricantes ahora desaparecidos por compra, fusiones o cierre de instalaciones, salvo FASA-Renault. El primer resultado de nuestro trabajo fue la publicación en 1967, primera realizada por la AEC, de un folleto titulado: Recomendaciones sobre requisitos de control de la calidad para proveedores de la industria básica de Automoción. El folleto se presentó en sendos Simposios celebrados en Barcelona y Bilbao con tal éxito que la primera edición de 4.000 ejemplares se agotó en pocos meses. Una vez vencida la desconfianza inicial, se celebraron reuniones en las diferentes fábricas, donde se aplicaron auténticas técnicas de emulación o “benchmarking”, aunque entonces no éramos conscientes de ello.

A propuesta de Enrique Blanco, el Consejo de la AEC me nombró en 1966 Presidente del Comité Organizador del XII Congreso de la EOQ, que habría de celebrarse en Madrid en 1968. El comité inicio sus trabajos con gran intensidad, pues la propuesta de programa bajo el lema “Efficiency Sistems for Quality Control” tenía que presentarse para la aprobación del Consejo de la EOQ en la reunión que se celebraría en Estocolmo en 1966, con motivo del X Congreso. Fue para mí un año muy activo, pues también presenté un trabajo en el Conferencia Anual de la ASQ, de la que era senior member[16]. El congreso de Madrid se presentó en la clausura del XI Congreso de la EOQ celebrado en Londres en 1967, donde intervino con una ponencia mi colaborador más directo[17].

En 1967, la AEC preparó una encuesta para la Secretaría Técnica del Ministerio de Industria sobre  Situación y desarrollo de las técnicas de control de la calidad en la industria española. Se enviaron 1250 cuestionarios a empresas de todos los tamaños y de diferentes ramas industriales. Contestaron 199 empresas y se obtuvieron importantes datos para determinar la política industrial del Ministerio sobre la calidad y su desarrollo en España[18]

En febrero de 1968, el Comité de Automoción de la AEC publicó la segunda edición de las Recomendaciones sobre requisitos de control de la calidad para proveedores de la industria básica de Automoción. Se presentó con gran éxito con motivo de la celebración de las I Jornadas Nacionales de la Industrias de Automoción que se celebraron en junio en Madrid, esta vez con gran participación, pues asistieron centenares de proveedores de la industria básica[19].

En septiembre de 1968 se celebró en Madrid el XII Congreso de la EOQ, con la asistencia de 700 congresistas, que para la época constituyó un record. Se presentaron trabajos muy importantes, entre otros, por Juran, Feigenbaum e Ishikawa. También intervino como ponente Philip Crosby que presentó, creo que por primera vez en Europa, el programa cero defectos, aunque Crosby ya no estaba en Motorola -donde se había creado el sistema[20]- pues a la sazón era Vicepresidente de Control de la Calidad del conglomerado ITT. En su intervención, Crosby citó, en apoyo del programa,  el ejemplo casi paradigmático de que a las enfermeras nunca se les caen los recién nacidos. Ello dio lugar a una intervención muy celebrada del Dr. Cerrutti de Castiglioni, famoso por su agudeza y director de Control de la Calidad de la FIAT, que preguntó si se había probado a mantener el índice de cero defectos en una cadena de 200 enfermeras pasándose bebés a un ritmo de 15 por minuto en un turno de 8 horas.

En el Consejo de la EOQ, celebrado con motivo del congreso de Madrid, el anterior presidente de la organización europea Humberto Turello, por sugerencia de Enrique Blanco, propuso que se fundase la Sección de Automoción de la EOQ, sobre el modelo del comité español. El consejo aprobó la propuesta y nominó a Turello para su realización durante el congreso. Presididos por Turello se reunió a los asistentes al congreso de la industria de automoción y, después de un informe del autor de este trabajo sobre el Comité de Automoción de la AEC, sus objetivos, métodos de trabajo y logros conseguidos, se acordó por los asistentes fundar la Sección de Automoción de la EOQ[21]. Fueron los miembros fundadores: Rover Co. y Chrysler UK del Reino Unido; FIAT, Alfa-Romeo y Pirelli de Italia; SIMCA de Francia; Car Design Center  y Skoda de Checoslovaquia; Volvo y Saab de Suecia y, por España, SEAT y SANTANA. A continuación y a propuesta de Turello fui elegido presidente de la nueva sección, acompañado de Sorenssen, Director de Calidad de Volvo, como vicepresidente y de Valerio Cantarelli, Director General de Alfa-Romeo Alfa-Sud como Secretario General. Pollington, de la Secretaría General de la EOQ, actuaría como secretario Técnico.

Uno de los primeros trabajos de la nueva Sección de Automoción de la EOQ fue la traducción al inglés de las Recomendaciones sobre requisitos de control de la calidad para proveedores de la industria básica de Automoción, de las que yo hice la primera versión para ser finalmente pulida por Pollington, y su difusión entre los miembros y sus proveedores. Esta traducción prestaría servicios insospechados, pues también en 1968 se organizó en el Reino Unido, por el Ministerio de Defensa, el Comité Raby para determinar los requisitos que debían cumplir los proveedores de equipos de las fuerzas armadas británicas. En el comité intervinieron, entre otros, Ernest Bacon representando a Rover–Leyland y Frank Nixon representando a Rolls Royce (reactores de aviación). Ambos tenían copia de la versión inglesa de las Recomendaciones sobre requisitos de control de la calidad para proveedores de la industria básica de Automoción; recomendaciones que se emplearon como documento de trabajo por el comité, según me consta por la autorización que concedimos para su uso. La Norma resultante de los trabajos del Comité Raby se convirtió en la siguiente década en la British Standard 5750 que, a su vez, se convirtió en la ISO 9001: 1987. Por ello, la ISO 9001 ha hablado siempre del proveedor, hasta la versión del año 2000.

Durante mi presidencia de la EOQ Automotive Section, se organizaron cinco seminarios internacionales sobre la calidad en la industria de Automoción, el primero en Barcelona (septiembre de 1969), después en Turín, Londres, Moscú y Gotemburgo, creo que por este orden. Durante este periodo fue aumentando el número de compañías representadas en la sección. La Automotive Section ha sido siempre muy eficaz y mereció la distinción de sección más activa de la EOQ, creo que en el año de 1976[22].

En 1969, me encontré con Enrique Blanco en el Primer Congreso Internacional de Tokio, que ya he citado. Blanco fue directamente a Tokio mientras que yo me uní a una expedición de la EOQ de cinco personas que, junto con su Secretario General De Fremery, íbamos a dar unas conferencias en Moscú, antes del Congreso de Tokio y participábamos después como ponentes en un congreso en Calcuta. Tokio fue un gran congreso, donde se presentaron al mundo los llamados Círculos de Calidad en una sesión realmente interesante.

 También se pretendió presentar como una novedad japonesa el llamado “Company Wide Quality Control” (CWQC), en una sesión con este título, en la que presentaron trabajos Nixon y Feigenbaum. El resto de las presentaciones, la mayoría japonesas, si bien no citaban a Feingembaun como creador del concepto, aceptaron en la discusión su autoría de los conceptos básicos empleados por los japoneses. Hubo una presentación en especial: Company Wide Quality Control Activities in Japan de Shigeru Mizuno, donde el autor se atrevió a explicitar que el CWQC era resultado de los seminarios de Deming y Juran dictados en Japón y de la evolución de las compañías ganadoras de los premios Deming y no de los trabajos de Feigenbaum[23]. Esta última aseveración resultó muy controvertida, de forma que la discusión continuó en otra sala con intervenciones de varios europeos, Enrique Blanco y yo entre ellos, y americanos, con excepción de Feigenbaum que, discreto, prefirió mantenerse al margen de la discusión, aunque estuvo presente. El autor, Sigheru Mizuno, hubo de reconocer al final la obligada influencia de los trabajos de Feigenbaum en Japón. Hubo otro trabajo, presentado por Takaharu Mizuno de Toyota, (no confundir con el anterior), que presentaba un matiz muy interesante y en parte novedoso: la aplicación de la filosofía de Feigenbaum a la gestión industrial[24]. Naturalmente, empleé dos medias jornadas en visitas a Toyota, acompañado por Takaharu Mizuno, para devolver su visita a Linares.

En más de una ocasión comentamos, Enrique Blanco y yo, el artificio empleado a menudo por algunos consultores de presentar una técnica ya conocida, aunque mejorada, no como un desarrollo de la técnica anterior, si no como si fuese una primicia total, envuelto todo ello con una presentación llamativa y novedosa. A veces ocurre, y eso es grave, que se presenta una tecnología con  un nombre novedoso, sin nada detrás, nuevo o antiguo. Uno de los ejemplos más significativos de este último caso, en la segunda mitad del pasado siglo, fue la presentación de la Qualimetry -en español podría traducirse por “calimetría”- en el XV Congreso celebrado en Moscú en 1971, siendo presidente de la EOQ el francés Borel[25].  La URSS había sido admitida como miembro de número de la EOQ en 1967. El evidente liderazgo de los japoneses, norteamericanos y europeos occidentales en el desarrollo y aplicación de tecnologías relacionadas con la mejora de la calidad contrastaba con la falta de aportaciones de las repúblicas socialistas al este del Telón de Acero, con alguna excepción por parte de la, entonces llamada, Republica Socialista Checoslovaca. Esta situación resultó muy penosa para la entonces URSS, líder incuestionable de este grupo de repúblicas.

El principal problema de la calidad, en una economía totalmente planificada por el estado, es que el mercado no tiene voz. Las industrias, todas estatales, pueden medir la calidad de su producción contra los planos, normas y especificaciones relevantes, preparados por los correspondientes Institutos y Ministerios, pero quién y cómo se determina la calidad de dichos planos, normas y especificaciones, quién y cómo se definen las necesidades y expectativas de unos usuarios mudos. Sólo algunos usuarios muy caracterizados y con gran peso político, como pueden ser las fuerzas armadas, pueden hacerse escuchar. Estos problemas, relacionadas con la calidad programada y la calidad de diseño, deberían encontrar su solución en la “calimetría”.

El término Qualimetry fue acuñado por el Instituto de Investigación para la Normalización de la URSS. Según se nos explico hasta la saciedad en el Congreso de Moscú, se trataba de una nueva ciencia, basada en principios universales, para medir la calidad con ayuda de otras ciencias secundarias tales como la metrología y la normalización. Oímos de su importancia; de la novedad de sus planteamientos; de la amplitud de sus objetivos; de los programas de investigación para su desarrollo; finalmente de su aplicación a diferentes industrias, como la automoción o los electrodomésticos. En Moscú nació y murió la “calimetría”, sólo sé de un último estertor, un año más tarde, en el XVI Congreso de la EOQ, celebrado en Oslo[26].

 Creo que también fue en 1971 la elección de Enrique Blanco como el Académico Nº 23 de la International Academy for Quality (IAQ), institución que había nacido en 1969 durante el Congreso de Tokio con el apoyo de las tres entidades que habían patrocinado el Congreso. Fue su primer presidente Armand Feingenbaum y Jack Lancaster su primer Secretario General[27]. Estaba previsto que el número de académicos se dividiese en partes iguales entre norteamericanos, japoneses y europeos[28]. La primera actividad de Enrique Blanco en la IAQ fue proponer mi candidatura, ya que faltaba una nominación europea. Se me invitó a presentar mi candidatura y fue elegido como el vigésimo cuarto académico en 1972.

 En febrero de 1972 se celebró el Primer Congreso Nacional de la AEC, al que siguieron en ese año las IV Jornadas Nacionales de Fiabilidad y las II Jornadas Nacionales de Calidad en las Industrias de Fabricantes de Equipos y Componentes de Automoción. Enrique Blanco y yo viajamos a Washington para acudir al II Congreso Internacional y de la IAQ que se celebraba con motivo de la 26th Annual Technical Conference de la ASQ, en la que yo presenté un trabajo[29]. También estuvimos presentes en el XVI Congreso de la EOQ en Oslo. En el Consejo correspondiente elegimos a Enrique Blanco como presidente de la organización para suceder al francés Borel.

En 1973 recibí una carta de Juran que, como editor y coautor, preparaba la tercera edición de su famoso Quality Control Handbook. Según me anunciaba, en la nueva edición y, por primera vez, habría una sección dedicada a la calidad en la Industria de la Automoción de cuya redacción se iba a encargar Soichiro Toyoda, Director General de Toyota Motor Co. Dada la importancia económica de la industria y su universalidad, se había decidido por Juran, como editor, y Toyoda, como autor de la sección, que un grupo de expertos revisase y enriqueciese el esquema del capítulo y su redacción final. Toyoda había sugerido mi nombre, junto con H. Castell, Director General de Volvo y Cerruti de Fiat, a los que Juran había añadido los americanos Amidon y Keeler de Chrysler y Sweeney de Ford Motor Co. Acepte el encargo con gran placer, que una vez más compartí con Enrique Blanco. La tercera edición del manual de Juran vio la luz a finales de 1974, publicado, como las anteriores ediciones. por McGraw-Hill. 

Debo señalar que desde enero del año anterior el Grupo Leyland, que había absorbido la compañía AUTHI con fábricas en Pamplona y Los Corrales de Buelna, me había pedido que ocupase el cargo de Director Técnico y de Calidad de esta compañía, dejando mis responsabilidades en SANTANA. El cambio de compañía y la necesidad de coordinar la resolución de los problemas de calidad que tenían los turismos Austin y Morris que fabricaba Leyland-Authi, me impidieron acompañar a Enrique Blanco que iba e ejercer de Presidente de la EOQ en el XVII Congreso de esta entidad, celebrado en Belgrado en 1973.

Si estuvimos juntos en el I Congreso Latino del Control de la Calidad, donde yo presentaba una ponencia[30], que habían promocionado las asociaciones española, francesa, italiana y portuguesa, presididas por Blanco, Borel, Turello y Almeida[31], respectivamente. Se celebró en Nápoles en 1973, organizado por Cantarelli con el patrocinio de Alfa-Sud.

La crisis del petróleo generada por la OPEP a finales de 1973 y la huelga de los mineros del carbón del Reino Unido, que aprovecharon la crisis para mejorar sus condiciones de trabajo, pusieron en gran riesgo de quiebra al Grupo Leyland, cuyas fábricas, por falta de electricidad, trabajaban sólo tres días a la semana. Como resultado, el Grupo Leyland fue nacionalizado y sus filiales en el exterior cerradas y vendidas. La crisis hirió de muerte a Leyland-Authi, cuando atravesábamos nuestro mejor momento, con el plan de expansión e introducción de nuevos modelos presentado al gobierno. A pesar de ello, pude acompañar a Enrique Blanco, en su último año de Presidente de la EOQ, al XVIII Congreso de la EOQ que se celebró en 1974 en Helsinki y pude ayudarle a retocar sus discursos de apertura y clausura. A la vuelta de Helsinki mi trabajo se centró en el comité de crisis de Leyland-Authi, con reuniones diarias, y en buscar colocación a mis colaboradores. A finales de noviembre, todos mis colaboradores habían encontrado acomodo, mientras se negociaba con General Motors la compra de nuestras instalaciones; se incluía en el paquete la alta dirección española. El acuerdo no pudo cerrarse y yo hube de buscar vientos más favorables.

En febrero de 1975, empecé a trabajar en el grupo ASLAND, entonces la primera cementera española, en cuya estrategia ocupaba lugar destacado la internacionalización de la compañía, tanto en fuentes financieras, como en inversiones y prestación de servicios técnicos y de ingeniería. Mi responsabilidad fue de Director de Desarrollo Internacional. Además de tener que asimilar un nuevo sector industrial, una nueva cultura empresarial y un nuevo trabajo, tuve que empezar a viajar inmediatamente, lo que me alejó del entorno de la AEC, donde presenté mi dimisión en el consejo y como representante en el consejo de la EOQ, así como Presidente de la Sección de Automoción. Enrique Blanco, como amigo y Presidente de la AEC, y el consejo me organizaron una cena de despedida.

A pesar de mis nuevas responsabilidades, encontré la forma de asistir al III Congreso Internacional y de la IAQ y XIX Congreso de la EOQ que se celebró en 1975 en Venecia, siendo presidente de la EOQ Valerio Cantarelli. Allí me despedí del consejo de la EOQ y pedí a la Academia la suspensión temporal de mis deberes como académico, que incluían el desarrollo de nuevas técnicas y aplicaciones relacionadas con la gestión de la calidad y la asistencia regular a los Congresos Internacionales que se celebraban alternativamente en Japón, EEUU y Europa cada tres años. En sesión privada de la Academia presenté  un trabajo sobre: Aproximación a la aplicación de la gestión de la calidad en los servicios.

Durante 15 años me dediqué a las operaciones internacionales de ASLAND y estuve prácticamente apartado de cualquier actividad relacionada con la calidad, salvo eventuales trabajos como consultor en empresas del grupo. En 1990, cansado de viajar, negocié mi jubilación anticipada. Por diferentes circunstancias me vi envuelto, durante tres años, en un proyecto del V Centenario y la Expo 92, relacionado con la investigación y la historia naval, mi violín de Ingres[32]. A pesar de ello, hallé el tiempo necesario para volver, como consultor, a mis actividades relacionadas con la calidad.

Me encontré que durante los 16 años que habían transcurrido desde el Congreso de Venecia, se habían sucedido muchos acontecimientos: existían unas normas ISO 9000 que definían sistemas de aseguramiento de la calidad y por las que algunas empresas líderes empezaban a certificarse, con gran ventaja por el Reino Unido, por los motivos que ya he explicado; en EEUU se había creado un premio a la excelencia empresarial, siguiendo el concepto del premio japonés Deming, aunque mejorado y más transparente; existía un culto hacia lo japonés, en materias de gestión de la calidad, que me pareció exagerado, se les atribuían innovaciones que no eran suyas e incluso se empleaban términos en japonés en artículos y presentaciones; un grupo de presidentes de compañías europeas, con el apoyo de la CE, habían formado la European Foundation for Quality Management (EFQM) que, a su vez, había creado un modelo de excelencia empresarial siguiendo los pasos de EEUU y Japón; en España, los intereses de la EFQM estaban representados por el Club Gestión de Calidad, que estaba llamado a ocupar un importante rol en la difusión y extensión de las técnicas de gestión de la calidad en nuestro país; volvían a estar de moda los círculos de calidad con éste u otros nombres; finalmente, se empezaba a aplicar técnicas de gestión de la calidad en entidades de servicios, donde los EEUU eran líderes. Por otra parte, para mi tranquilidad, la filosofía básica de la gestión de la calidad y técnicas necesarias para su aplicación, que yo había aprendido y ayudado a desarrollar, seguían siendo válidas, aunque a veces con distintos nombres; el profesor Juran seguía siendo un término de referencia y Enrique Blanco, desde 1986 presidente de honor de la AEC, continuaba apoyando con su presencia y consejo las actividades de la Asociación. Había también algunas novedades como la intervención de campeadores, cinturones negros y verdes y otras figuras igualmente ingeniosas en los programas de mejora de la calidad. Siento no haber tenido la ocasión de conocer la opinión de Enrique Blanco sobre la búsqueda de la excelencia en virtuales torneos medievales y combates de judo.

Fui bien recibido, de nuevo, por la AEC, donde encontré muchos antiguos amigos y muchas caras nuevas. En 1992, presenté conjuntamente con Miguel Mazarrasa, que había sido mi colaborador más inmediato en Leyland-Authi, un trabajo en el II Congreso Ibérico y V Congreso de la AEC[33]. En este congreso, tuve la oportunidad de renovar mi estrecha relación con Enrique Blanco, tantos años interrumpida. En concreto durante el congreso almorzamos juntos y hablamos de la importancia de los servicios en la sociedad española y del retraso en aplicar técnicas de gestión de la calidad en algunos servicios, en especial de algunos tan importantes como la educación y la sanidad.

A finales de 1992, Miguel Mazarrasa, que acababa de ser nombrado presidente de la AEC me pidió que fundase la Sección de Educación. Inicié los contactos con las universidades miembros de la AEC y con la Fundación Universitaria San Pablo CEU, a cuyo Patronato yo pertenecía. En febrero de 1993, se constituyó la sección con la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la Universidad Pontificia Comillas y el CEU. La Sección de Calidad en la Educación, una vez que logró superar indemne el inevitable periodo de mortalidad infantil es ahora una de las más activas de la AEC.

Entre los Máster de prestigio, dedicados a formar expertos universitarios en técnicas de gestión de la calidad, no había ninguno especializado en servicios, por lo que pensé que debería llenarse ese hueco. Primero con Enrique Blanco, con quien discutí el programa, y luego con TEA, preparamos un proyecto de Master de Calidad en los Servicios que fue aceptado por el Instituto de Estudios Superiores de la Fundación Universitaria San Pablo CEU y se impartió por primera vez en el curso 1996/1997.

Volví a ver a Enrique Blanco en mayo de 1995 con motivo del VI Congreso Nacional de la AEC, de cuyo Comité de Organización fui presidente, y la I Semana Europea de la Calidad. Seguimos encontrándonos en todas las Semanas Europeas, en el VII Congreso Español (1998) y en la Cumbre de Excelencia en la Gestión, organizada por la AEC y el Club Gestión de Calidad en Noviembre del 2000. Guardo singulares recuerdos del XLIII Congreso de la EOQ celebrado en 1999 en Madrid y del que fui presidente del Comité Técnico. En este congreso, Enrique Blanco recibió emocionado el homenaje de la EOQ, representada por su primer presidente Walter Masing. Durante el congreso pasamos muchos ratos juntos, incluido Masing, recordando a antiguos colegas, en especial a Agnes Zaludova, fallecida días antes y tantos años representante de Checoslovaquia y a Humberto Turello, cuyos achaques le impidieron asistir al Congreso.

Con esto termino. Quizá estos recuerdos adolezcan de un exceso de protagonismo por mi parte. Sirva como excusa que no quieren ser otra cosa que un homenaje a un hombre excepcional en todas sus dimensiones: mi inolvidable maestro Enrique Blanco Loizelier, cuyas enseñanzas y consejo siempre han guiado mi trayectoria profesional y personal en el campo de la gestión de la calidad.



[1]  - También se podría citar al profesor Enrique Chacón SJ. de la Universidad de Deusto.

[2]  - El profesor Clifford ha recibido una de las tres medallas de oro que, hasta la fecha ha concedido la AEC.

[3] - La AECC, siguiendo la práctica iniciada por la American Society for Quality Control y la European Organization for Quality Control, quitó la palabra Control de su título. En adelante emplearé las actuales denominaciones.

[4]  - J. García del Valle: The History and Current State of Quality Control in Spain. I International Conference in Quality Control. Tokio, 1969. Muchos de los datos empleados en este trabajo están tomados de dicha presentación.

[5]  - En 1963 Humberto Turello fue nombrado Miembro de Honor de la AEC

[6]  - Este libro es una edición mejorada de la obra de Feigenbaum: Quality Control:Principles, Practice and Administration  (Mac Graw-Hill, 1951)

[7]  - En una conferencia que di en la Asociación Técnica Española de Estudios Metalúrgicos, Barcelona 1962, yo lo llamé control integral de la calidad. Esta denominación había sido aceptada por el propio Feigenbaum.

[8] - En SANTANA empezamos a emplear los costes de la calidad como herramienta de gestión, clasificados en costes de prevención, costes de control y pérdidas internas y externas, desde 1961.

[9]  - El congreso de 1969 en Tokio fue el primer congreso organizado bajo el patrocinio conjunto de la JUSE, la ASQ y la EOQ. Se presentaron 231 trabajos por expertos de 36 países.

[10]  - La creación de Círculos de la Calidad dio lugar a la formación en técnicas sencillas de mejora de la calidad de centenares de miles de empleados de la industria japonesa

[11]  - Lusser era un ingeniero alemán del grupo dirigido por el Dr. Wernher von Braun, en la base de Peenemünde (Alemania), donde se desarrollaron los famosos misiles V1 y V2 de la Segunda Guerra Mundial. Terminada la guerra, von Braun y sus colaboradores emigraron a los EEUU y, en el Redstone Arsenal, se integraron en la recién formada Army Ballistic Missile Agency (ABMA) y, más tarde, en la National Aeronautics and Space Administration (NASA)

[12]  - R. Lusser. Redstone Arsenal. Reliability through Safety Margins. 1958.

[13]  - J. García del Valle: Fiabilidad en la industria de automoción. Conferencia de clausura del curso 1967 de la Sociedad Española de Técnicos de Automoción. Revista de la STA, número 76. Barcelona, 1967.

[14] - El primer ordenador de gestión de SANTANA se puso en marcha en 1968, después de dos años de trabajo de una serie de subcomités ad hoc que se crearon para realizar la reingeniería de los procesos de gestión, entonces decíamos revisión de procesos desde base cero. Los subcomités estaban coordinados por un Comité de Organización, con ayuda de consultores externos y presidido por el autor de este trabajo.

[15]  - Alfredo Brisac fue uno de los miembros más activos de la AEC. Poco después fundó el Comité de la calidad en la industria Siderometalúrgica. Muerto prematuramente, la AEC instituyó en su memoria el Premio Alfredo Brisac para aquellas personas más entregadas en el servicio de la AEC.

[16]  - J. García del Valle:  Problems of quality control in a developing country. 20th Annual Technical Conference, ASQ. Nueva York, 1966.

[17]  - O. Yáñez: Increasing Realiability through Technical Service Operations. Londres, 1967

[18]  - Un resumen de los resultados puede verse en el trabajo presentado por el autor en Tokio, ya citado.

[19]  - No queda ningún ejemplar de la primera edición. De la segunda queda un único ejemplar en la biblioteca de la AEC. Creo que debería hacerse una edición facsímil de ésta la primera publicación de la AEC, aunque sea en su segunda edición.

[20]  - Motorola ha sido a menudo creadora de imaginativos programas, relacionados con la gestión de la calidad.

[21]  - A partir de este punto, la AEC adoptó el criterio de la EOQ de llamar Sección a los grupos de trabajo formados por empresas y profesionales de un mismo sector de actividad económica y Comités a los grupos de trabajo multisectoriales.

[22]- El Presidente de la EOQ, cargo que ese año ocupaba Valerio Cantarelli, tuvo la gentileza de enviarme un segundo ejemplar del diploma con su firma, como primer presidente de la Automotive Section.

[23]  - Hasta esta fecha, los seminarios de Deming en Japón siempre tuvieron como tema el control estadístico de la calidad y no la gestión de la calidad. Sus 14 principios no vieron la luz hasta 1986, en el libro Out of the Crisis. Los seminarios de Juran si estuvieron más enfocados hacia la gestión, pero Juran nunca ha pretendido (ni lo ha necesitado) ser el padre del TQC que siempre ha atribuido a Feigenbaum. La primera compañía ganadora del premio Deming que hizo referencia al TQC fue la Nipón Kayaku en su edición de 1963 y, desde 1964, el empleo de técnicas de TQC figuró en el sistema de selección del premio. También según Shigeru Mizuno, la primera compañía que empleo técnicas de CWQC fue la Shin-etsu Chemical ganadora del premio Deming en 1953, pero sin emplear el término. Resulta curioso comprobar que los japoneses parecen emplear el TQC dos o tres años después de las publicaciones de Feigenbaum, nunca antes.

[24]  - Takaharu Mizuno: Total Quality Control Concept applied to the Industrial Management System. I International Conference in Quality Control. Tokio, 1969. Takaharu Mizuno era Director de la Oficina General de Planificación y responsable del programa de cambio del sistema de gestión de Toyota desde 1968. 

[25]  - Georges Borel era a la sazón Director de Calidad de la Sud-Aviation.

[26]  - A. Glichev: Qualimetry and Man. Oslo, junio 1972.

[27]  - Lancaster era a la sazón Director de Seguridad del Producto de Boeing Co. Había sucedido a L. Ball, cuando éste pasó a la NASA.

[28]  - Además de los citados tuvo miembros muy distinguidos como IshiKawa, Kogure, Nixon, Masing, Turello, …. Creo, sin embargo, que la IAQ tuvo el complejo, nunca reconocido, de que Juran nunca quiso formar parte de la Academia a pesar de los muchos amigos que tenía en ella.

[29]  - J. García del Valle: Quality responsibility in operation processes. Washington, 1972.

[30]  -  J. García del Valle: Círcoli de qualitá? Zero difetti? Autocontrollo? Controllo de qualitá partecipativo. Nápoles,1973.

[31]  - Antonio de Almeida, fundador de la Asociación Portuguesa para la Calidad, es socio de honor de la AEC

[32]  - Resultado de este trabajo fue la publicación de un libro: Retrato de un navío. El Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de la carrera Manila-Acapulco (Editorial Naval. Madrid, 1992), que recibió el premio Virgen del Carmen de la Armada Española en 1993. Naturalmente, dediqué un ejemplar a Enrique Blanco, que siempre me había echado en cara que no hubiese publicado ningún libro sobre la gestión de la calidad.

[33]  - M. Mazarrasa y J. García del Valle: Imagen de la calidad. Madrid, 1992